Enfermedad biliar
Tu cuerpo contiene muchos líquidos diseñados para realizar funciones esenciales.
Uno de estos líquidos es la bilis. A veces también conocida como hiel, este líquido sistémico pegajoso, espeso, amarillo y verde desempeña un papel crucial en el proceso digestivo.
La función principal de la bilis es sintetizar las grasas que consumes en ácidos, que el tracto digestivo utiliza con fines nutricionales. La bilis también desempeña un papel importante en otras funciones importantes, como ayudar al cuerpo a eliminar cantidades excesivas de productos como el colesterol y la hemoglobina.
La bilis es vital. Sin ella, no podrías sobrevivir más de un día.
La bilis es producida por el hígado y almacenada en la vesícula biliar. Cuando comes, se libera en el tracto digestivo a través de unos conductos llamados conductos biliares. Esta red une el hígado y la vesícula biliar con una parte del intestino delgado llamada duodeno.
Descripción general de las enfermedades biliares
Si se altera la producción o el transporte de la bilis, se puede desarrollar lo que se denomina enfermedad biliar. Esto no se refiere a una afección específica, sino a una serie de problemas. La enfermedad biliar afecta al hígado, los conductos biliares o la vesícula biliar.
Las enfermedades biliares comunes incluyen:
- Cálculos biliares.
- Síndrome de Mirizzi: obstrucción de los conductos biliares junto al hígado.
- Colecistitis: inflamación prolongada de la vesícula biliar.
- Colangitis: inflamación en o dentro de los conductos biliares.
- Cáncer de vesícula biliar o conductos biliares.
- Lesión aguda de la vesícula biliar o el hígado tras accidentes de tráfico, contactos físicos violentos o caídas.
Es importante señalar que existen diversas causas que provocan varios tipos de colecistitis y colangitis. A menudo se diagnostican y progresan en diferentes etapas.
Causas
Los investigadores no han podido determinar una causa biológica específica para la enfermedad biliar. Puede ser el resultado de algún tipo de trastorno del sistema inmunitario en el que las células del sistema biliar atacan la composición química y estructural de sus componentes.
Factores de riesgo
Nadie es inmune a desarrollar enfermedades de la vesícula biliar o del sistema biliar. Ciertos factores de riesgo pueden aumentar las posibilidades de contraer una de estas enfermedades graves y potencialmente mortales, entre ellas:
- Género: Estos problemas son más comunes en las mujeres que en los hombres. Las mujeres embarazadas y menopáusicas corren un riesgo especial, ya que se cree que los desequilibrios en los niveles de estrógeno y otras hormonas femeninas son un factor contribuyente significativo.
- Peso: Las personas con sobrepeso u obesidad corren un mayor riesgo. Las personas con sobrepeso tienden a producir concentraciones excesivas de colesterol. El exceso de colesterol ejerce una mayor presión sobre la vesícula biliar y los conductos biliares. Sus posibilidades pueden aumentar si pierde peso demasiado rápido. Estas acciones suelen estimular el aumento de la producción de colesterol.
- Edad: El riesgo aumenta cuando se superan los 60 años. Los investigadores relacionan este dato con el hecho de que, a medida que se envejece, el cuerpo tiende a depositar mayores cantidades de colesterol en la bilis.
- Dieta: La dieta influye considerablemente en el desarrollo de enfermedades de la vesícula biliar y las vías biliares. Debe prestar especial atención si su dieta se compone principalmente de grasas poco saludables y alimentos ricos en colesterol, junto con una ingesta reducida de alimentos ricos en fibra. El consumo excesivo de alimentos ricos en hierro y café también puede ser un problema.
- Medicamentos: Ciertos medicamentos, especialmente los recetados para reducir las concentraciones de colesterol en sangre, los diuréticos, los preparados contra la diarrea, los inhibidores de la bomba de protones y los productos empleados para tratar ciertos trastornos hormonales, pueden ser motivo de preocupación. Se recomienda a quienes utilicen cualquiera de estos medicamentos que consulten con su médico.
- Afecciones médicas: El riesgo de padecer enfermedades biliares y problemas asociados aumenta si se padecen enfermedades subyacentes, como diabetes, trastornos inflamatorios intestinales, diversas afecciones hepáticas, anemia falciforme o niveles extremadamente bajos de una hormona conocida como melatonina.
- Cirugía previa: Si se ha sometido a una cirugía para bajar de peso o a un trasplante de órganos, sus probabilidades de desarrollar una enfermedad biliar aumentan.
- Predisposición genética: La probabilidad de contraer una enfermedad biliar aumenta si un familiar cercano ha sido diagnosticado con dicha afección. Estos problemas suelen ser el resultado de algún tipo de mutación genética que se transmite de generación en generación.
- Origen étnico: Los investigadores han descubierto que el riesgo es notablemente mayor en los nativos americanos y los mexicoamericanos que en cualquier otro grupo étnico.
Síntomas
Los síntomas físicos tienden a variar dependiendo de la enfermedad biliar específica que padezca. Estos síntomas suelen producir manifestaciones comunes como:
- Disminución del apetito.
- Fatiga.
- Temperatura corporal elevada.
- Escalofríos.
- Picazón.
- Orina descolorida o de color marrón claro.
- Náuseas.
- Vómitos.
- Heces grasosas, de color arcilla.
Muchos problemas biliares provocan ictericia, que es un color amarillento de la piel y los ojos. Además, la mayoría de las enfermedades biliares provocan dolor. A menudo se siente molestias en la parte superior derecha de la región abdominal.
Diagnóstico
Si su médico cree que usted puede tener una enfermedad biliar, le realizará un examen físico completo y, a menudo, confirmará el diagnóstico utilizando herramientas como:
- Análisis de sangre.
- Investigaciones sobre la función hepática.
- Biopsias hepáticas.
- Ecografía.
- Ecografía endoscópica.
También se pueden utilizar herramientas de diagnóstico por imagen, como la tomografía computarizada y la resonancia magnética, para obtener imágenes del hígado, la vesícula biliar y las zonas circundantes.
Opciones de tratamiento
Factores como su edad, la afección subyacente específica que padece, la gravedad del problema, su estado de salud general y su peso pueden influir en los procedimientos que elija su médico. Existen muchas opciones de tratamiento disponibles.
La inflamación biliar leve puede tratarse con antibióticos. Los preparados estimulantes de la bilis pueden aumentar la producción hepática del subproducto químico y favorecer un transporte más rápido y fluido a lo largo del tracto digestivo.
La cirugía es una opción de tratamiento. La colecistectomía consiste en extirpar la vesícula biliar. Afortunadamente, la vesícula biliar no es necesaria para sobrevivir y se puede llevar una vida normal sin ella. Durante la hepatoportoenterostomía, los cirujanos drenan la bilis de los conductos biliares obstruidos. La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica, o CPRE, es un procedimiento quirúrgico que se realiza para identificar y extirpar los cálculos biliares.
Prevención
No todos los casos de enfermedades biliares se pueden prevenir.
Es posible que pueda reducir el riesgo manteniendo un peso saludable, consumiendo una dieta sana y nutritiva que limite las grasas y el colesterol, haciendo ejercicio, evitando vicios como fumar cigarrillos y consumir alcohol en exceso, y sometiéndose a revisiones médicas periódicas.
Pronóstico
Si se diagnostica a tiempo, la enfermedad biliar se puede tratar. Si se descubre en una fase más avanzada, cualquier afección asociada podría provocar daños permanentes y, en última instancia, resultar mortal.
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