Enfermedad inflamatoria intestinal (EII)

El sistema digestivo es uno de los grupos de órganos y tejidos más importantes del cuerpo. Esta red lleva a cabo varias funciones vitales, como descomponer los alimentos, procesar los nutrientes esenciales que el cuerpo necesita y eliminar los productos de desecho.

Cualquier afección que afecte al tracto digestivo puede poner en peligro la realización eficiente de sus procesos y provocar enfermedades potencialmente graves. Un ejemplo de ello es la enfermedad inflamatoria intestinal (EII).

Descripción general de la EII

La enfermedad inflamatoria intestinal es un término amplio que describe la inflamación.

Tipos específicos

Hay dos formas principales de EII: la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. La enfermedad de Crohn afecta al revestimiento del tracto digestivo. Puede afectar a casi cualquier componente de la red, incluyendo la boca, el esófago, el estómago y los intestinos. En la colitis ulcerosa, el intestino grueso (colon) suele ser el único órgano afectado.

Factores de riesgo

Aunque no se ha identificado una causa exacta, hay varios factores de riesgo que pueden contribuir a la aparición de la enfermedad, entre ellos:

  • Edad: la EII suele aparecer antes de los 35 años, pero puede manifestarse en cualquier etapa de la vida.
  • Hábitos de vida: las probabilidades de contraer EII aumentan si fuma o bebe alcohol en exceso. Estos productos contienen sustancias irritantes capaces de agravar o provocar síntomas físicos asociados.
  • Predisposición genética: el riesgo aumenta si un familiar cercano, como un padre, un hermano, un hijo o un abuelo, ha sido diagnosticado con el trastorno.
  • Origen étnico: aunque la enfermedad afecta a personas de todas las razas, las probabilidades de desarrollarla son mayores si se es blanco y judío. Los casos están aumentando entre la población negra del Reino Unido.
  • Afectación del sistema inmunitario: la aparición de la EII puede ser consecuencia de una respuesta del sistema inmunitario. Por razones desconocidas, las defensas del organismo pueden atacar las células del tracto digestivo, lo que provoca inflamación y, finalmente, una forma de la enfermedad.
  • Enfermedades previas del tracto digestivo: en ocasiones, una infección patógena, como un virus o una bacteria, puede predisponer a trastornos inflamatorios.
  • Medio ambiente: los científicos han descubierto que los problemas inflamatorios intestinales son más frecuentes en los países industrializados. Esto se debe a que estas poblaciones son más propensas a consumir grasas y alimentos procesados llenos de sustancias químicas que producen inflamación. El riesgo tiende a aumentar si se vive en un clima más frío, en el norte, o se lleva un estilo de vida sedentario.

Síntomas

Los síntomas que experimenta pueden variar dependiendo de si padece colitis ulcerosa o enfermedad de Crohn.

Independientemente de la afección subyacente específica, es posible que se encuentre con varios problemas digestivos comunes, entre ellos:

  • Diarrea.
  • Estreñimiento.
  • Calambres abdominales.
  • Exceso de gas.
  • Distensión abdominal.
  • Disminución del apetito.
  • Sangre o pus en las heces.
  • Fatiga y malestar general.
  • Temperatura corporal elevada.

Si padece la enfermedad de Crohn, también podría tener:

  • Dolor articular y de otros tejidos blandos.
  • Irritación cutánea.
  • Ojos rojos y con picazón.
  • Llagas en la boca.
  • Reflujo esofágico.
  • Alteraciones de la visión.

También es importante señalar que las enfermedades inflamatorias intestinales suelen presentarse en brotes (crisis). Durante los brotes activos, es probable que experimente los síntomas de la enfermedad. Los brotes suelen remitir y es posible que permanezca sin síntomas durante meses.

Posibles complicaciones

Si no se diagnostican y tratan rápidamente, los trastornos inflamatorios intestinales pueden provocar complicaciones potencialmente graves, entre ellas:

  • Megacolon: esta afección se produce cuando el intestino grueso se inflama, lo que puede comprometer gravemente la función del órgano y hacer que el paciente sea vulnerable a una perforación.
  • Perforaciones intestinales: el tejido enfermo puede provocar perforaciones intestinales, es decir, agujeros o desgarros visibles en el colon. Las perforaciones pueden provocar que el contenido intestinal y materiales potencialmente peligrosos, como los patógenos, se propaguen por todo el sistema digestivo y otras partes del cuerpo.
  • Formación de úlceras: la inflamación puede precipitar la formación de úlceras. Las úlceras son llagas que pueden causar dolor, interrumpir el proceso digestivo, perforarse y sangrar.
  • Hemorragia interna: la inflamación y las úlceras producidas por estos trastornos pueden provocar hemorragias internas graves. Si no se detienen rápidamente, pueden provocar la muerte.
  • Anemia: en ocasiones, puede producirse una pérdida de sangre relacionada con la EII. La pérdida gradual de sangre puede provocar anemia, cuando el recuento de glóbulos rojos desciende a niveles peligrosamente bajos.
  • Anomalías estructurales: la destrucción prolongada de los tejidos puede alterar la composición estructural de componentes específicos del sistema digestivo. Si estos cambios se acentúan, es posible que experimente dificultades para realizar funciones esenciales como tragar o evacuar.
  • Desnutrición: con el tiempo, los trastornos inflamatorios intestinales pueden inhibir la capacidad del tracto gastrointestinal para absorber y procesar los nutrientes de los alimentos que se ingieren. A medida que pasa el tiempo, esto podría provocar desnutrición.
  • Deshidratación: estos problemas pueden provocar episodios prolongados y graves de diarrea. A medida que se pierden cantidades considerables de agua y electrolitos, aumenta el riesgo de sufrir deshidratación. La deshidratación grave puede ser una emergencia médica potencialmente mortal.

Diagnóstico

El diagnóstico suele ser un proceso de varios pasos. Durante la primera fase del proceso, el médico realizará primero una evaluación física exhaustiva.

Una vez recopilada esta información, es posible que su médico le solicite pruebas diagnósticas, entre ellas:

  • Análisis de sangre.
  • Muestras de heces.
  • Dispositivos de diagnóstico por imagen internos, como rayos X, resonancia magnética (RM) y tomografía computarizada (TC).

Es posible que su médico no confirme el diagnóstico hasta realizar una endoscopia. Este procedimiento utiliza un tubo flexible equipado con una cámara para examinar el funcionamiento interno de su tracto digestivo. Este equipo también permite extraer biopsias o pequeñas muestras de tejido para su examen en el laboratorio.

Posibles opciones de tratamiento

El tratamiento que elija su médico dependerá de la afección específica que padezca y de su gravedad. Las formas comunes de tratamiento incluyen:

  • Varios medicamentos de venta libre y con receta médica.
  • Cambios en la dieta.
  • El abandono de hábitos nocivos para la salud, como fumar cigarrillos y consumir alcohol en exceso.
  • Cirugía para extirpar tejido dañado u obstrucciones intestinales.

En determinados casos, puede estar indicada una combinación de tratamientos.

Pronóstico

En casos sin complicaciones, el pronóstico suele ser favorable. Con el tratamiento adecuado, se puede llevar una vida relativamente normal.

Prevención

Aunque la prevención no siempre es posible, puedes tomar ciertas medidas para reducir el riesgo, entre ellas:

  • Limitar el estrés – Aunque a veces se pasa por alto, el estrés es un factor desencadenante importante. La tensión suele afectar primero al tracto digestivo y agrava los problemas existentes. Si estás expuesto a niveles excesivos de estrés, deberías considerar actividades que alivien la ansiedad, como:
    • Hacer ejercicio.
    • Escuchar música.
    • Jardinería.
    • Lectura.
    • Técnicas de respiración.
  • Tomar mejores decisiones alimentarias: muchos alimentos y bebidas pueden causar o empeorar la inflamación del tracto digestivo, como los alimentos grasos, los que tienen un contenido significativo de ácido, los productos enlatados, congelados o muy procesados, los alimentos picantes y, además, las bebidas carbonatadas y alcohólicas. Los médicos y nutricionistas recomiendan comer comidas sencillas y menos picantes, y beber agua.
  • Dejar de fumar: los cigarrillos contienen nicotina y muchas otras sustancias químicas que irritan el sistema digestivo. Si fuma, se le recomienda encarecidamente que deje de hacerlo.
  • Consuma comidas más pequeñas: las comidas copiosas y abundantes aumentan la tensión en el sistema digestivo, lo que provoca brotes. En su lugar, consuma varias comidas más pequeñas cada pocas horas.

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