Anemia hemolítica

La sangre está compuesta por células, plasma y plaquetas. Si alguno de estos componentes falta o no funciona correctamente, aumenta el riesgo de desarrollar un trastorno grave. Un ejemplo de una de estas afecciones es la anemia hemolítica.

Anatomía

La sangre contiene glóbulos rojos (creados por la médula ósea) que transportan oxígeno a las células, los tejidos y los órganos. Los glóbulos rojos proporcionan a estas áreas los nutrientes que necesitan para realizar sus funciones diarias.

Anemia hemolítica

Normalmente, el cuerpo destruye los glóbulos rojos viejos o defectuosos en el bazo u otras partes del cuerpo mediante un proceso llamado hemólisis. La anemia hemolítica se produce cuando los glóbulos rojos se destruyen demasiado rápido. El problema también puede surgir cuando las células mueren más rápido de lo que la médula ósea puede crearlas.

Causas

La anemia hemolítica se divide en dos categorías de causas: extrínsecas e intrínsecas.

Extrínseco

Las causas extrínsecas son el resultado de enfermedades que afectan a la sangre o a su composición. Algunos ejemplos son:

  • Trastornos autoinmunes.
  • Varios tipos de cáncer.
  • Sustancias químicas producidas por tumores benignos.
  • Infecciones patógenas.
  • Un bazo agrandado.
  • Trastornos hepáticos.

La variación extrínseca también puede ser un efecto secundario del uso de antibióticos, analgésicos y antiinflamatorios.

Recibir transfusiones de un tipo de sangre incorrecto también podría causar una forma agresiva y posiblemente mortal de anemia hemolítica. Este episodio se desencadena porque el cuerpo considera el tipo de sangre incorrecto como un invasor y ataca las células rápidamente.

Intrínseco

La forma intrínseca de la anemia hemolítica se desarrolla cuando los glóbulos rojos no se desarrollan o no funcionan correctamente. Algunos ejemplos son los trastornos sanguíneos hereditarios y las deficiencias nutricionales específicas.

Anemia hemolítica en recién nacidos y niños

Desafortunadamente, la anemia hemolítica puede afectar y afecta a los niños.

  • Los recién nacidos y los bebés suelen desarrollar este problema porque no comparten el tipo de sangre de su madre. Probablemente, esto se debe a que la madre y el niño comparten un factor Rh incompatible. Afortunadamente, esto se puede identificar y curar.
  • Niños: los niños desarrollan esta afección tras una infección patógena reciente. En la mayoría de los casos, se trata de virus. Los niños con ciertos tipos de cáncer, enfermedades del sistema inmunitario o que toman determinados medicamentos también pueden tener un mayor riesgo.
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Síntomas

Los síntomas de la anemia hemolítica varían de una persona a otra. Los más comunes son:

  • Fatiga.
  • Un color de piel pálido.
  • Temperatura corporal elevada.
  • Vértigo.
  • La incapacidad para realizar actividad física.
  • Aumento de la frecuencia cardíaca.
  • Dolores corporales.

A medida que la enfermedad avanza, es posible que experimente síntomas más graves, como ictericia. La ictericia tiene varios indicadores, entre ellos:

  • Un tono amarillento en la piel, los ojos y la boca.
  • Ritmos cardíacos anormales.
  • Confusión mental.
  • Agrandamiento del bazo y el hígado.
  • Orina de color oscuro.

Complicaciones

Si su afección no recibe el diagnóstico adecuado y un tratamiento agresivo, puede tener complicaciones peligrosas para su salud. Estas pueden incluir:

  • Irregularidades en el ritmo cardíaco.
  • Problemas cardíacos graves como la miocardiopatía.
  • Insuficiencia cardíaca.

Diagnóstico

Los síntomas de la anemia hemolítica pueden parecerse a los de otros trastornos sanguíneos y afecciones médicas. Es necesario un diagnóstico rápido y correcto para identificar el tratamiento más adecuado para controlarla.

El diagnóstico suele requerir varios pasos. Durante el examen inicial, su médico:

  • Tómate las constantes vitales.
  • Preguntarle cuándo comenzaron los síntomas.
  • Pregunte si los síntomas estuvieron acompañados de otras preocupaciones.
  • Pregunte si alguna actividad lo empeora.

Si el médico sospecha que usted padece un trastorno sanguíneo, como anemia hemolítica, también le preguntará si usted o algún miembro de su familia tiene antecedentes de trastornos sanguíneos.

La siguiente fase del examen consiste en una serie de pruebas. Estas pruebas evalúan diversos criterios sanguíneos, valores de la función hepática, evaluaciones de la médula ósea, análisis de orina y pruebas genéticas.

Los análisis de sangre específicos incluyen:

  • Evaluación de bilirrubina: esta prueba mide la eficacia con la que el hígado procesa la hemoglobina. La hemoglobina es una proteína presente en los glóbulos rojos que ayuda a transportar oxígeno a los órganos. También transporta el dióxido de carbono desde los tejidos hasta los pulmones, donde se expulsa al respirar. Cuando los niveles de hemoglobina son bajos, es probable que también se tenga un recuento bajo de glóbulos rojos.
  • Medición de hemoglobina: esta prueba permite a los médicos estimar el recuento de glóbulos rojos mediante la determinación de los niveles de hemoglobina.
    Recuento de reticulocitos: esta prueba mide cuántos reticulocitos (glóbulos rojos en desarrollo) produce actualmente su cuerpo.

Posibles opciones de tratamiento

Una vez confirmado el diagnóstico, su médico le recetará la opción de tratamiento más adecuada. En casos sencillos y asintomáticos, es posible que no sea necesario realizar ningún tratamiento. Hay varios factores que determinan las opciones de tratamiento, entre ellos:

  • Tu edad.
  • Tu estado de salud general.
  • La gravedad de la afección.

Los tratamientos comunes incluyen:

  • IVIG: IVIG es la abreviatura de inmunoglobulina administrada por vía intravenosa. Esta forma de tratamiento es una sustancia que suprime el sistema inmunitario y que puede ser eficaz en personas con anemia hemolítica derivada de una enfermedad autoinmune.
  • Corticoesteroides: este tratamiento aborda la forma de anemia hemolítica desencadenada por el sistema inmunitario y reduce la inflamación y la hinchazón. Se ha demostrado que los corticoesteroides previenen la destrucción de los glóbulos rojos.
  • Transfusiones de sangre: las transfusiones de sangre se realizan para elevar rápidamente el recuento de glóbulos rojos. Este procedimiento ayuda a reemplazar las células perdidas por otras nuevas y más fuertes.
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Procedimientos quirúrgicos

En los casos más graves, es posible que sea necesario someterse a una esplenectomía. Durante esta intervención, los médicos extirpan el bazo, el órgano que destruye los glóbulos rojos dañados o innecesarios.

La extirpación del bazo suele reducir la velocidad a la que se procesan los glóbulos rojos. Este procedimiento se realiza normalmente en pacientes que no han respondido bien a los esteroides o a los agentes inmunosupresores.

Trasplantes de médula ósea

En ocasiones, los trasplantes de médula ósea pueden reducir o eliminar el problema. La médula ósea compatible donada puede regenerarse y revertir las condiciones anémicas.

Eliminar o cambiar medicamentos

Si un medicamento específico es la causa, es posible que encuentre alivio al suspender el tratamiento o encontrar un medicamento diferente que no cause daño a los glóbulos rojos.

Abordar la afección subyacente

La anemia hemolítica puede ser de corta duración en personas cuyas afecciones se deben a problemas de salud preexistentes. Recibir un diagnóstico adecuado y someterse a tratamiento para estas afecciones puede eliminar rápidamente los efectos secundarios relacionados con la sangre.

Recuperación

El camino hacia la recuperación depende de las circunstancias específicas. Si su caso es leve o está causado por un problema que se puede corregir de inmediato, la enfermedad podría durar solo por períodos breves. Si la afección es el resultado de preocupaciones persistentes, como enfermedades hereditarias, el tratamiento debe ser un proceso de por vida.

La mayoría de los médicos creen que diagnosticar la anemia hemolítica en su etapa más temprana posible es crucial para curar o controlar la enfermedad. Comenzar el tratamiento en las fases iniciales de la enfermedad podría mantener a raya los síntomas y reducir el riesgo de complicaciones.

Prevención

Puede ser difícil prevenir la anemia hemolítica, pero hay ciertos factores que se pueden tener en cuenta.

Por ejemplo, si la sustancia química G6PD provoca su afección, podría ser beneficioso evitar los productos que la contienen.

Los episodios causados por errores en las transfusiones sanguíneas se pueden evitar con una gestión cuidadosa de la sangre almacenada y el conocimiento del tipo de sangre del paciente.

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